Papillon*

El otoño llegó y la luz se ha vuelto más escasa día con día. Días grises, me gustan. La visibilidad es escasa y te puedes enredar entre las cobijas sin objeciones. Hoy he ido a verte.

Etapas de delirio cada vez más prolongadas y con menos conciencia de sí misma. 
Eso dijo el psiquiatra sobre ti. Y sin embargo, ¿por qué aún luces tan bella y viva como siempre? ¿Mis ojos están enfermos? ¿O mis sentimientos cambian la vista de un panorama en decadencia?

Tu amor por mi se encuentra en un ocaso. Tus ojos ya no me reflejan, tus manos ya no me acarician. Me has olvidado.

Es septiembre, el ramadán está por terminar pero tú probablemente sigas con él. Tienes un rostro cada vez más pálido y  manos que siento desaparecer. Eres un cuerpo casi sin vida bajo las sombras. Te has vuelto la luna.

Pronto será invierno y mi corazón está aterido porque tú no estás aquí.

Copos de nieve. Es diciembre. El otoño está por terminarse, los robles perdieron sus hojas y las mariposas se han ido ya hace mucho tiempo. Todas  han emigrado, todas menos tú. Aunque sé que muy pronto lo harás.

Antes de notarlo el invierno se instaló por completo y tú volviste por minutos. Una bella luna llena. Antes de que te vayas de nuevo, te digo las palabras que te pertenecen sólo a ti y a nadie más. Me miras confusa. "¿Te estás despidiendo de mi?" me preguntas herida. Pero no es así, sólo he respondido de forma cortés a tu última visita, eres tú quien se marcha dejándome afligido.

Ah, mi satélite. Has cambiado de fase por última vez. Ya no puedo verte. Todo se ha vuelto tan oscuro, te has ido para siempre. No voy a olvidarte.

Ya es primavera. Los robles serán verdes de nuevo y las mariposas volverán sin ti. Saldré por la mañana y veré que todo cambió. No obstante, quiero más días grises, más días como en los que aún estabas junto a mi. Cada día se vuelve más doloroso al anterior. No puedo dormir porque no puedo parar de recordar. Las tazas de café  son mi única salvación pero comienzan a dejarme cada vez más absorto. 

Ah, no puedo dejarte ir.

Sophie


El gritarte que te amaba.
Que mi sueño de cada noche era sobre ti.
Que la humedad de mi ropa era por ti.
Y que los ojos que deseaba ver al despertar eran los tuyos.
Son cosas que jamás sabrás.

¡Oh, Sophie! ¡Sophie! ¡Sophie!

Vuelve, juega conmigo otra vez. Quiero decirte que te amo, que te amo tanto y he tardado veinte años en notarlo. Llévate mis esperanzas. Destruye mis sentimientos y corrompe mi alma.  Seré tuyo y disfrutaremos juntos cada placer que la vida nos ofrezca. Te tomaré de la mano cada segundo y te llevaré a la cama cada noche. Ven a mi, te tomaré sin arrepentimiento, sin dudas, sin contemplaciones.

Oh, mi amada. Abre tus ojos. Ahora.